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La escritora almagreña, Nieves Fernández, últimamente no encuentra tiempo suficiente para sentarse y dar rienda suelta a sus nuevos proyectos literarios. Metida de lleno en el mundo de la animación a la lectura, viaja por las principales ciudades de España mientras que en sus ratos libres presenta sus últimos poemarios para adultos. En una entrevista reciente nos ha hablado de sus inquietudes y proyectos de futuro, así como otros temas de actualidad. Texto: Esther Ginés. Babelia. A eso de las 18.30 horas de la tarde el sol de abril, ese sol que delata que ya es primavera aunque el tiempo se empeñe en negarlo, penetra sin obstáculo alguno por la ventana del salón de Nieves Fernández. Algunos rayos caprichosos se centran en una placa que conmemora un primer premio de poesía manchega, que devuelve un reflejo más dorado aún. Antes de sentamos, Nieves me enseña con una sonrisa de satisfacción las numerosas placas y distinciones que ha obtenido a lo largo de estos veinte años de carrera literaria. Son tantos que empiezo a pensar que no voy a poder realizar muchos más planes esa tarde, sin embargo, la mayoría están concentrados en el estudio donde se va a realizar la entrevista, por lo que puedo veros al hilo de la conversación. Nieves es de esas personas que engañan, que esconden una profunda timidez tras esa sonrisa inocente y abierta que les caracteriza; cualquiera, una vez finalizado el acto, podría pensar que enseñar sus premios era una manera sencilla de retrasar las temidas preguntas. Acaso lo sea. Tardamos un poco en empezar a hablar, porque me gustaría que ella diera el pistoletazo de salida, pero me sigue sonriendo a la par que le brillan los ojos negros, un tanto ocultos bajo el flequillo oscuro. Al final, deduzco que ella también desea que empiece; seguro que ya ha averiguado si mis preguntas van a ser buenas o del montón, porque dicen que todos los escritores tienen esa capacidad de profundizar en los pensamientos de los que están frente a ellos. Empiezo antes de que sea yo quien me ponga nerviosa: faltaría más. -Pregunta: Maestra, educadora y animadora a la lectura, jurado en premios literarios, conferenciante ocasional, pregonera de fiestas y ferias, escritora y, además, madre de familia... ¿cree que cumple el perfil de lo que hoy se considera mujer del S. XXI? -Respuesta: Pues... creo que no -entre risas irónicas -, me parece que me acerco un poco, pero creo que no cumplo ese perfil, ni me parece que lo consiga. Creo que el que mucho abarca poco aprieta, y ese es mi principal problema. Intento llegar hasta donde puedo, pero de una forma desordenada. -Pregunta: ¿Cómo es un día en la vida de Nieves Fernández? Se toma un tiempo antes de contestar, como el que sabe que tiene demasiadas cosas en la cabeza y tiene que ordenadas antes de responder. -Respuesta: Muy ajetreado, pendiente de los horarios de los demás, y cuando esos horarios me lo permiten, me dedico a lo mío, a no ser que un día me levante y me olvide de todo para centrarme en mí... ¡entonces son ellos lo que tienen que correr detrás de mí! Pero -afirma con un deje de resignación -eso ocurre poco. Tengo que aprovechar el tiempo libre, a no ser que tenga un viaje y cambien todos los horarios durante unos días. Los viajes son una palabra destacada en el mundo de la escritora. A pesar de que la mayoría de sus obras se publican en la provincia de Ciudad Real, el carácter activo de Nieves le lleva a presentarse a premios de otras localidades cuyas editoriales sacan a la luz sus libros con relativa frecuencia. Además, su labor de animación a la lectura, al frente de la cual lleva desde el 94, exige las conferencias por diversos puntos geográficos del país. -P: Días de flores en desatino, ¿no cree que es un gran titular para la situación mundial que vivimos? -R: Es un título un poco rimbombante, ¿no? Pero es un poemario que, cuando lo escribí, estaba en un momento en el que todo me afectaba, ya que es un libro de juventud, y a medida que pasa el tiempo, la guerra, la droga, las enfermedades... te siguen afectando, pero te vuelves cómoda. Ahora sigo haciendo poesía social, pero cuando eres más joven todo se te hace un mundo, en cambio, conforme los años avanzan la vida te hace que pienses primero en tu familia, por ejemplo. Muchos hemos sentido la necesidad de ir a algún lado donde pudiéramos ser útiles, como Irak... y sin embargo tengo que conformarme con escribir una columna en el periódico en contra de la guerra. Pero nunca me abandonará ese espíritu rebelde de juventud. -P: A pesar de la visión pesimista y la nostalgia que hay en ese poemario, encontramos algunos versos en los que se aprecia la esperanza. ¿Es de las personas que creen que al final del camino siempre hay luz? -R: Quiero pensar que sí, que no sólo es una visión que utilicé para la obra. No podemos quedamos con la idea de que hay tres señores que nos están llevando a la ruina; hay que seguir más allá, y la poesía pretende hacerla. Me pide que corte todos los trozos en los que se exceda, ya que reconoce que determinados temas le darían demasiado que hablar. Enseguida se aprecia en Nieves un profundo interés por el devenir de los hombres, en cuyo mundo diario se ha introducido en más de una ocasión para abordar los problemas que acechan en el día a día de la gente. -P: Es una autora que ha escrito mucho para niños, acaso por esto en obras como Respira, o Días de flores en desatino, ¿podemos hallar partes autobiográficas que en una obra infantil no hubiera sido posible encontrar? -R: Creo que en cualquier obra hay elementos de tu vida, lo que ocurre es que un poemario es más intimista y las obras para niños están más centradas en mis alumnos o en mis hijos, la gente que me rodea. Nieves tiene dos hijos que son su alegría diaria, dice. El mayor tiene dieciséis, y no está en casa, pero el pequeño, que rondará los cinco, se deja adivinar en la cocina, de donde provienen sonidos de dibujos televisivos. Nieves reconoce que ambos son buenos lectores, pero que el pequeño disfruta demasiado con series como Shin Chan y es difícil despegarle del televisor -P: Como escritora, ¿encuentra su inspiración en lo que ocurre en el mundo, o su inspiración no atiende esos temas? -R: Claro que me afecta, sobre todo por lo que leo en el periódico. A veces, simplemente son cosas que le pasan a gente y que me llaman la atención y utilizo como base para mis historias. No todo está en mi cabeza. Hace algunos años, Nieves escribió un relato enternecedor acerca de un padre de familia que perdía a su hijo pequeño mientras vivía un excelente momento profesional. El relato se leyó en la radio, durante unas jornadas de relatos cortos; aunque el trasfondo de la historia resultaba conocido, pocos saben que se inspiró en la muerte de Álvaro, el hijo menor del doctor Alfonso del Corral, médico del Real Madrid. El niño falleció mientras su padre disfrutaba con la séptima Copa de Europa, conquistada ese mismo día. Acontecimientos como este sirven de base para sus obras. -P: ¿Cómo ve el papel de los actores en su oposición a la guerra de Irak? -R: Es importante reconocer que ha habido una unión de la sociedad en general: los universitarios, sin ir más lejos... aunque los actores hayan sido la cara más anunciada, todos estamos detrás y eso constituye lo más positivo de esta guerra. -P: Nieves empieza a escribir muy joven, ¿cuál era el sueño de aquellos primeros años en los que aún no había publicado? -R: Cuando escribía era por evadirme de un mundo que no me gustaba; escribía para mí, sin plantearme que eso pudiera llegar a algún lado. Después, presenté alguna redacción o relato que gustó, y eso me animó a seguir, a intentar probar suerte aunque sólo fuera por razones de ego, y unos versos llevan a un poemario, y el poemario lleva a una novela... y aquí estoy. A veces sigo utilizando la literatura como mecanismo de evasión, cuando me siento muy encerrada en mis obligaciones cotidianas. -P: Ahora, años después y con una trayectoria consolidada en la provincia de Ciudad Real, incluso habiendo publicado en ciudades como Jaén, Barcelona, Zaragoza e incluso en países latinoamericanos junto a otros autores, ¿cuál es el balance de su carrera literaria? Parece esta una de las preguntas más esperadas, porque a primera vista, Nieves resulta demasiado crítica consigo misma, quitando méritos a sus numerosas actividades mientras encuentra algún defecto que contarte acerca de los premios que ha obtenido. Acerco más la grabadora para que quede constancia. -R: Personalmente -se para en seco y hace una mueca, para después continuar, con aire más convencido -el haber publicado unos dieciocho libros, resulta muy importante, aunque luego en el mundo de la literatura compares con otros autores y veas que no es nada, que siempre hay diez o doce que son los que viven de ello y los que están reconocidos. Si te digo la verdad, a mí eso no me asusta, no tengo intención de formar parte de ese club. Mi balance es positivo. -P: De manera paralela a la literatura se dedica a las actividades de animación a la lectura para niños, ¿qué tienen ellos que les dedica tanta atención? -R: Supongo que empecé las actividades con niños por vocación no ejercida; estudié magisterio pero no ejercí, así que en cuanto tuve la oportunidad de dedicarme a ellos, lo hice. Fue gracias a mi primer libro, Poemas de Recreo y Mochila, por el cual la editorial me ofreció formarme en este terreno. Los niños son unos grandes lectores, sinceros y agradecidos, y al trabajar con ellos he perdido la timidez que siempre me ha caracterizado. -P: ¿En España se lee poco, o lo dicen las malas lenguas? -R: Se publica más que se lee, y además no nos dejan escoger, las promociones nos saturan y uno acaba leyendo lo que más le han metido por los ojos. No tenemos tiempo de investigar otros autores, quizás de segunda fila, o menos comerciales, y en parte esto es culpa de la televisión... Nieves prefiere dejar sin terminar la frase relativa a la televisión, pero tras echar un vistazo y comprobar que la única caja tonta visible es una de dimensiones reducidas, en la cocina, me parece que sé el motivo. -P: Lo que está claro es que resulta casi imposible publicar en el ámbito nacional, pero que si uno gana un premio prestigioso, a raíz de eso le publicarán todo lo que escriba. ¿Qué opina de estos premios? -R: De partida creo que si se premia a alguien debe ser bueno. El problema es que el premio se le dé a alguien muy consagrado, o que publique siempre en la editorial del premio. Tendemos a asociar la fama con la calidad, por eso los que somos menos conocidos nunca triunfaremos. Muchos críticos no han alabado las obras premiadas en los Planeta, pero son como los Oscars de la literatura. Poco a poco, se nos pasa la tarde entre críticas a los Planeta y tazas de té; ha llegado un momento en el que yo no sé el número de preguntas que llevo, y Nieves parece encontrarse tan cómoda que tampoco recuerda lo pesada que es su interlocutora. El dilema de las injusticias en los premios literarios nos enfrasca en una interesante conversación. Nieves cruza y descruza las piernas de cuando en cuando, como si el tema le hiciera sentir inquieta; a veces, uno de sus mechones oscuros le cubre uno de los ojos, pero su voz resulta sincera igualmente, aunque no le vea la mirada. -P: ¿Ha pensado qué cambiaría de su vida si ganara uno de esos premios? -R: Tendría que renunciar a vivir en una ciudad tan tranquila como esta, y ese es un inconveniente. Tampoco me gustaría renunciar a la cercanía, que es una de las cosas que más valoro de mi profesión; yo necesito estar cerca de mis lectores, es algo que me da vida. Creo que acaso uno de esos escritores intocables de nuestra literatura no tiene la suerte de poder estar tan próximo a sus lectores, de no ser por Internet, pero es más frío que el contacto directo. Justamente esa pregunta es la que me termina de ayudar a conocer a la escritora; sin negar que a ella también le encantaría ser conocida nacionalmente, sabe poner en el otro lado de la balanza el privilegio de codearse con su público, de obtener de ellos el cariño y, a veces, las críticas a sus trabajos que tan necesarios resultan. -P: Respira, su poemario que obtuvo en el 98 el premio internacional El olivo, de Jaén, introduce un diálogo amoroso entre un hombre desconocido para el lector, y una ciudad igualmente anónima, que toma la figura de una mujer. ¿Qué pretendía con esa personificación? -R: Un juego poético que me llamó la atención. Es un intento por hacer una poesía urbana, aunque no sabía qué lugar iba a ocupar el poeta dentro de ese triángulo hombre amada-ciudad; después decidí que mi figura estaría disuelta en las tres, pero no soy el hombre, ni la ciudad es la mía, porque es un mito de ciudad. Es una poesía muy de nuestros días: el escenario ya no es el campo, como antes, sino que todo se desarrolla entre las "murallas" de una ciudad. -P: Hablando de ciudades, en los poemas se sugiere la necesidad que tenemos de recuperar los escenarios en los que se ha desarrollado nuestra vida. ¿Cuáles son los suyos? -R: En mi poemario Trenzas de Andrómeda están todos mis lugares... habla de mi infancia, de la casa donde viví hasta los siete años, que me marcó mucho: del agua de la fuente, a la que íbamos porque no había agua en casa, del patio empedrado... Almagro lo ha sido todo para mí, porque estuve allí hasta los veintiséis años. -P: Respira, ¿hace referencia a un verbo en tercera persona, a un imperativo o, por el contrario, tiene que ver con el aire que nos da la vida? -R: Es imperativo, dedicado a mi padre, que fumaba mucho, pero es también un reflejo de la ciudad que aparece, que está contaminada y necesita respirar para salir a flote y encontrar el amor. -P: Parece que Nieves es de las que creen que la poesía es un arma cargada de futuro. ¿Para cuándo una novela cargada del mismo futuro que sus poesías? Me parece que toco uno de los temas espina de la entrevista. Nieves sonríe y se acomoda en su asiento. En el salón ya no entra la misma luz que al principio del encuentro, pero, a pesar de la hora, la claridad es asombrosa en ese piso situado a escasos metros de la Plaza Mayor, en pleno corazón de la ciudad. -R: Me gustaría tener tiempo y tranquilidad, creo que estoy preparada, pero me gustaría tener la tranquilidad suficiente para que fuera una buena obra. Una novela exige más calma que un poemario, o una obra para niños, que parece que ya ves el final nada más empezar. Ahora estoy demasiado ocupada, tengo muchos proyectos inmediatos y no puedo pensar en una novela. -P: Mi pueblo es ahora pequeño para mi barrio que minúsculo es para mi casa. Mi corral es un sótano y ya no encuentro piedras para seguir buscando a un Dios callado. ¿Cuál es el influjo que ha ejercido Almagro en su vida? -R: Muchísimo, viví allí hasta los veintiséis años, que me vine a Ciudad Real. El sitio donde uno nace marca mucho, aunque también le tengo cariño a esta ciudad porque la elegí para vivir y formar mi familia. Además, Almagro es mucho más que un simple pueblo, con sus festivales de teatro, su corral de comedias y su aire un tanto internacional sobre todo en verano... soy almagreña por los cuatro costados. -P: ¿Se siente cómoda cuando tiene que abandonar su estudio para ponerse delante de una cámara, o conceder alguna entrevista? -R: Tengo mucho miedo escénico. He sido tímida toda mi vida, y si ahora los soy menos es sólo por la ayuda de los niños. Creo que nunca se pierde la timidez, pero se aprende a toreada. Las entrevistas tampoco me gustan mucho... -me mira y sonríe abiertamente -me parece que mi campo es la palabra escrita. -P: Es usted habitual colaboradora del diario La Tribuna, ¿cree que escritor y periodista son las dos caras de una misma moneda? -R: Yo no me siento periodista; sé que hago reportajes, entrevistas y colaboraciones diversas, pero no trato de atribuirme un papel que no es el mío. Lo pensé mucho, porque era una carrera que me encantaba, pero luego la familia te ata, y no podía desplazarme a Madrid. Yo soy una privilegiada, porque tengo una columna de opinión y puedo escribir sobre lo que me plazca. Admiro a los periodistas, que tienen que escribir sobre lo que ocurra, les guste o no. Sin embargo, insisto, porque me parece difícil oír esa afirmación de boca de una persona que ha trabajado en un periódico; hay numerosos escritores en grandes periódicos que se consideran periodistas. Juan José Millás es un claro ejemplo de ello. Además, son numerosos los medios de comunicación en la provincia que cuentan con trabajadores que no tienen la carrera, pero que llevan años ejerciéndola. -R: Pero hay grandes diferencias entre realizar una columna de opinión y un reportaje periodístico. Es como si me comparas el periodismo de Ana Rosa con el de un corresponsal de guerra: no hay color, y no se debe confundir. -P: ¿Cuáles son los pequeños detalles que dan sentido a su vida? -R: Cualquier encuentro con los lectores, el hecho de haber nacido y de haber elegido con quién vives... cosas que pueden hacer que seas feliz o desgraciada. Creo que una de ellas es saber vivir con lo que tienes, sin ser conformista. -P: ¿Qué me contesta si le digo que es una gran ventaja ser escritor de provincias porque siempre se está cerca de los lectores? Nieves afirma con la cabeza al tiempo que formulo la pregunta. Es una idea que ella misma ha dejado caer a lo largo de la entrevista. -R: Creo que estoy totalmente de acuerdo contigo -reconoce con naturalidad -. Muchos escritores no pueden conocer a su público, salvo en ocasiones contadas. Esto también me sirve para las críticas: últimamente me han criticado un artículo que he escrito para la Semana Santa de Almagro. No a todo el mundo tiene por qué gustarle. -P: ¿Qué libro lleva instalado en el corazón como uno de sus favoritos? -R: Soy de mi Quijote, como buena manchega, eso que no me lo quite nadie; pero soy una gran devoradora de libros, y disfruto cada uno como si fuera el mejor. Ahora estoy leyendo a Reinaldo Arenas. También creo que cada época de la vida tiene un libro. -P: Dicen que Strauss compuso el Danubio Azul cuando estaba enamorado, y afirmó que cualquiera que lo estuviera podría ser capaz de ver ese color en sus aguas. ¿Considera que el amor es un motor de la vida, o cree que suele ocurrir sólo en poesía? -R: Debo ser una romántica, pero creo que sí, que se escriben cosas preciosas, aunque con la edad también escribes sobre otros temas que te hacen estar viva y que ya no son sobre ese amor pasional de la juventud. Igualmente el dolor lo consigue; cuando mi padre murió escribí más que nunca, y a la gente le gustó mucho esa etapa de mi escritura. No hablé sobre la muerte en mis obras, pero tenía una creatividad fuera de lo normal en mí. Considero que ha llegado la hora de plantear el tema de actualidad en La Mancha, y más concretamente, en la provincia de Ciudad Real. -P: Últimamente, Almodóvar arrasa. ¿Está suplantando al Quijote como representante de La Mancha? -R: Y es un orgullo que lo haga, además, los niños de Calzada son encantadores y espero que les haga pronto una visita. Me gusta su cine, es peculiar y distinto a lo que se hace en España; además, es un hombre que se ha esforzado mucho para lograr lo que ahora tiene, yeso conlleva un gran mérito. Le admiro mucho. Creo que tiene raíces manchegas por muy internacional que sea en estos días. -P: Dice usted en otro de sus poemas: La vida es breve la vida es un pedazo, me decía un viejo. No sirve para nada si no tiro del cabo que me he dejado suelto. ¿ Qué es la vida para Nieves Fernández? -R: Algo muy complicado y que exige una gran dedicación: vivirla. Hay que dominarla y disfrutar de la escalada, más que de llegar a la cima, que es lo que siempre pretendemos. La vida hay que construida con creatividad, yeso intento. Llegamos al final, y me queda una pregunta en el tintero. Sé que, más que una pregunta, es un deseo personal, pero me permito el lujo de preguntar sin tapujos. Más vale tarde que nunca... -P: El día menos pensado, la encuentro codeándose con los "intocables" de los que tanto hemos hablado... ¿qué me dice? -R: (risas) Si tengo que contestar... pues a lo mejor no estoy preparada, y tampoco me preocupa no estarlo. Sólo me importa seguir teniendo inspiración y ser yo misma aunque las circunstancias cambien, para bien o para mal... no aspiro a la fama, porque creo que hay mejores maneras de dejar huella en la historia. Sin embargo... a nadie le amarga un dulce, ¿no? Noto unos cuantos titubeos de más en esta respuesta, pero acaso los exija. De una manera u otra, Nieves Fernández resulta tan natural como lo son sus titubeos, aunque uno no sabe si realmente es por el influjo de la cercanía de los niños, o por su propio carácter juvenil, que le alejan de los cuarenta y cuatro años que tiene. A lo mejor por eso, como ella misma se empeña en repetir, le queda mucho por hacer. |