Sí, sí, has leído bien. La protagonista de esta historia se llama Aladina (una chica encantadora, todo hay que decirlo).
Mucho antes de que ella naciera, su madre se prometió a sí misma que su primer hijo se llamaría Aladino, como en el cuento. Desde pequeña su madre ha sido una gran admiradora de esa historia fantástica de amor y magia. Tanto le gustaba que se leyó más de veinte veces el cuento de Aladino y la Lámpara Maravillosa, y otras tantas veces disfrutó con la película del mismo título en el cine y en la televisión.
Sin embargo, el destino caprichoso o algún genio malvado cambió el final de este sueño de cuentos infantiles y, por cambiar, cambió hasta la vocal a por la vocal o del famoso nombre de Aladino. Y ocurrió que, en un travieso día de no hace muchos años, en lugar de un niño, nació una niña coloradita y angelical a quién ahora todos llaman Aladina.
Te preguntarás dónde sucedió esta historia. ¿Tal vez en un país lejano cerca del EXTREMO oriente? ¿ O quizá dónde hay niños EXTREMADAMENTE pobres que se internan en cuevas solitarias y frotan cenicientas lámparas? ¿Tal vez en un lugar dónde aparecen genios de color verde sin EXTREMIDADES que cumplen difíciles deseos, y con un poco de suerte consiguen casarse con EXTREMOSAS princesas?
Pues no, ocurrió aquí, muy cerca de dónde vives, en la misma EXTREMADURA, en una ciudad española y milenaria fundada por los romanos llamada Mérida en la provincia de Badajoz.
Es aquí donde crece Aladina y en unos pocos años se convierte en una chica sensible, simpática y curiosa con las personas , animales y cosas que la rodean.
Un buen día toma conciencia de la importancia del medio ambiente y decide hacerse ecologista. A partir de ese momento, Aladina será una niña ecosensible, ecosimpática, ecocuriosa y además, una gran defensora de las plantas y de los animales.
Y hablando de animales...
- ¡Guau, guau, guau!