IRIS COLECCIONA BESOS

COLECCIÓN UNA...

En casa de Iris se coleccionaba de todo. Su padre guardaba álbumes de sellos de correos, de monedas, de vitolas de puros, cajas de cerillas, corbatas, bolígrafos sin tinta y botellas antiguas de cristal de colores.

Un día se quedó mirando al techo, que es donde flotan las buenas ideas, y dijo en voz alta a la familia:

- Creo que voy a empezar una nueva colección. Desde hoy coleccionaré neumáticos usados.

Y coleccionó neumáticos usados.

Su madre, sin embargo, se pirraba por los décimos de lotería no premiados, por las muestras de arena de playa de todos los mares y océanos del mundo, por los collares de perlas y por los frascos de agua de colonia y perfume, vacíos o llenos, eso no importaba; bastaba una gota para formar parte de la colección.

Una noche, a la hora de marchar a la cama, se fijó en su camisón de flores y champiñones de colores y se propuso muy seria:

- Trabajaré en un nuevo proyecto. Desde hoy coleccionaré también pijamas, camisones y picardías -dijo muy convencida.

Y coleccionó pijamas, camisones y picardías.

Su hermano Diego, algo mayor que Iris, era conocido en todas las librerías de la ciudad por ser un afamado pedigüeño de "marcapáginas", de los cuales había logrado reunir más de trescientos ejemplares; además, compraba todos los libros que veía sobre el tema de estrellas y naves espaciales; también solicitaba autógrafos a los futbolistas importantes y se sentía muy orgulloso de su colección de mascotas: Había conseguido cuatro tortugas, dos hámsters, un perro, tres gatos, dos canarios y un grillo, última adquisición del verano.

Muy a su pesar, también coleccionaba regañinas, malas notas en inglés y algunos celos hacia su hermana Iris.

- A ella le hacéis más caso que a mí. Siempre consigue lo que quiere -se quejaba-. ¡Cómo es la niña bonita de la casa!

La abuela, por su parte, acaparaba postales de plazas, fotografías antiguas, servilletas de cafetería, y algo inusual, una docena de baúles donde se guardaban las colecciones de toda la familia.

En este ambiente, Iris, no tuvo más remedio que seguir el ejemplo.