TRENZAS DE ANDRÓMEDA

EL PATIO

El patio de mi casa está empedrado,
nunca fue particular.
La puerta de la calle la abre el sol
y se olvida la llave en el tejado,
después la cierra un gran rayo forzudo
y forzado de la luna,
a cal y canto.

En mi patio se prolongan las aceras
y pasan las vecinas con sus cántaros,
los perros callejeros se espantan con sus miedos,
mis amigas se ríen con sonrisas de trigo y caramelo.
Mis rodillas se hacen duras y más duras
a cada porrazo.
Las gallinas se escapan,
cacarean con ganas su sueño de corral
y picotean media sandía junto a su propia huida,
mis gritos o un melón.
Los aperos se arrinconan en las paredes blancas.
Las tardes siempre huelen a la vuelta del campo.

El patio de mi casa se abre al cielo.
Mis hermanos caminan por sus cantos
tropezando con sus primeros pasos.

Nunca pensé que el cuadrilátero
de un patio inmenso
se hiciera, con los años,
tan particular, tan vivo y tan pequeño.