MIEDICA Y EL ESPANTAPÁJAROS

A la derecha de la escena, un campo de girasoles y, en su centro, un gran espantapájaros, estático, con sombrero de paja carcomido, con chaqueta de piezas, con una pequeña escoba en una mano y un molinillo de papel de colores en la otra.

A la izquierda, la fachada de una casa de campo, con ventanas y puerta que se abren y se cierran -no figuradas-, dos sillas o sillones donde acostumbran a sentarse las madres de los niños.

MADRE DE MIEDICA: (Al estilo comadre.) Pues, como te decía, mi hija Miedica se asusta por todo. Fíjate, que siempre ha tenido miedo de que le corte las uñas de los pies.

MADRE DE VALENTÍN: ¿Y las de las manos?

MADRE DE MIEDICA: No, las de las manos, no, ¡qué curioso! ¿Verdad? Sólo tiene miedo de que le corte las uñas de los pies, no las de las manos.

MADRE DE VALENTÍN: Y eso, ¿por qué será?

MADRE DE MIEDICA: Pues, chica, no lo sé. El médico dice que como el miedo es gratis, mi hija Miedica desde que nació toma todo el miedo que quiere y mucho más y se lo guarda en los bolsillos para cuando lo necesita.

MADRE DE VALENTÍN: Pues, mi hijo Valentín es todo lo contrario, no tiene miedo de nada. Parece mentira que sean tan amigos.

MADRE DE MIEDICA: Es verdad, los dos son tan diferentes y, sin embargo, comparten todo, incluso unas vacaciones en el campo como estas.

MADRE DE VALENTÍN: Pues, como te decía, mi hijo Valentín es tan valiente que nada más nacer se subió encima de un triciclo.

MADRE DE MIEDICA: ¡Qué valiente!

MADRE DE VALENTÍN: Por eso le pusimos el nombre de Valentín. Y con un añito ya sabía montar en bicicleta.

MADRE DE MIEDICA: ¡Qué valiente!

MADRE DE VALENTÍN: Y con tres años aprendió a nadar en la piscina.