UN ÁRBOL DE NAVIDAD POCO CORRIENTE

Había una vez una ciudad digna de ser habitada por príncipes y reyes, por eso la llamaban Real. Aunque era pequeña, comparada con otras ciudades, en los últimos años estaba creciendo de un modo espectacular. Tenía varios parques y jardines, y plazas, muchas plazas distintas donde los niños jugaban felices todas las tardes de todos los días del año.

Una de estas plazas estaba dedicada a Cervantes, el autor de El Quijote. Como era una plaza muy céntrica tenía bares, restaurantes, bancos, kioscos de prensa y golosinas, tiendas de ropa elegante, librerías, una administración de lotería y muchos edificios importantes.

Además de todo esto, tenía algo muy peculiar, un gran árbol en el centro con un tronco tan gordo que para abrazarlo se necesitaban seis o siete abrazos de niño, y con una copa tan inmensa que daba sombra en verano a seis o siete pandillas de chiquillos o ancianos.

Los vecinos de esta Real Ciudad decían de él que era centenario o milenario...
-Y eso, ¿qué es? -me preguntó uno de los pequeños que escuchaban este cuento real o real cuento.
-Pues que tiene más de cien o más de mil años -respondí al pequeño curioso, y continué.

También decían de él que siempre fue un árbol fuerte y con mucha suerte porque el resto de los árboles de la zona no habían podido sobrevivir a una remodelación de la Plaza, y él con tantos a sus espaldas, mejor dicho sobre sus ramas, se alzaba orgulloso de ser tan longevo, emblemático y esplendoroso.

Una mañana de otoño cuando el árbol escuchaba a un grupo de ancianos reírse de los chistes y chascarrillos...
-Oye, ¿qué son los chascarrillos? -me preguntó una niña como tú con los ojos abiertos como soles.
-Chascarrillos son frases graciosas o cuentecillos cortos -le contesté, y continué.

Pues bien, con los chistes y chascarrillos que contaba un viejo rechoncho de mofletes colorados como Sancho Panza, al árbol le dio un ataque de risa y comenzó a agitar nerviosamente sus ramas.

Los viejos miraron hacia arriba y al notar los bruscos movimientos de sus hojas comentaron: